escrito por HDC ASTURIAS

7ª Concentración

INDOMABLES

 

 

9:30 hora Zulú.

Hora cero.

Hora F, de fiesta.

Hora de poner rumbo a la concentración de Indomables,

en La Muela (Zaragoza).

 

Primer bebida del fin de semana y casi la única que tomamos sin componentes etílicos: un café caliente en el área de servicio de Colunga, en donde nos habíamos citado una parte de la comitiva asturiana que iba al evento: Pepe, Luis y Ana,  Toni, René –con su Sportster recién sacada el concesionario-, José Manuel (hermano de Juan Carlos) y yo, Jose.

 

 

Otra tanda de los asturianos partían ese mismo día desde Medina del Campo: Juan Carlos y la mascota del club H-D.C. Asturias, Luna que fueron desde Gijón a buscar a Rodolfo; José Ramón (padre de Rodolfo) y Alberto y Felipe (amigos del club HDC-Asturias, de Nava del Rey). Y la tercera representación, pero no por ello menos importante, y más teniendo en cuenta que eran ellos quienes llevaban la sidra: Mayer y Leticia que, por motivos de trabajo, tuvieron que retrasar la salida. 

 

La jornada ya había comenzado bien: cielo despejado, un sol radiante, nada de viento y una temperatura más que agradable. Por ello, decidimos  disfrutar del viaje decantándonos por la ruta de Burgos. Partimos de Colunga por la autovía hasta Torrelavega. Una vez allí, decidimos desviarnos por la carretera del Escudo. Subimos el puerto sin pasar de 70/80, disfrutando de la carretera y del paisaje, sin prisa pero sin pausa. Después de parar a comer, a llenar unos depósitos y vaciar otros, arrancamos rumbo a Logroño por la N-232, una carretera bastante entretenida y sin mucho tráfico. En conjunto, una ruta más que guapa para disfrutarla encima de la moto y, cómo no, en buena compañía.

Llegamos a La Muela  a media tarde, sin contratiempos pero con una pequeña incidencia protagonizada por Toni. En una de las paradas que hicimos para repostar, extravió las gafas que siempre lleva de repuesto. Una fatalidad de la que ninguno nos dimos cuenta hasta unos cuantos kilómetros más adelante. Pero ya era tarde para dar media vuelta a buscarlas.

 

La Muela. Punto de destino. Primeros saludos: a Jabato, presidente de Indomables y a Gelu, asturiano y vicepresidente del mismo club. 

Y por supuesto, primera cerveza incluso antes de montar las tiendas de campaña en el pabellón habilitado para tal fin: un polideportivo, con baño y duchas, muy próximo al recinto de la concentración.

Tras los primeros saludos y las primeras cervezas, nos fuimos a cenar a un restaurante cercano, y vuelta de nuevo al epicentro de la movida

El H-D.C. Asturias obsequió a Indomables con una placa de madera de carbayu grabada con su emblema

y el lema que los caracteriza.

“Nunca tan pocos dieron tanto mal”.

 

La noche del viernes pasó entre cerveza y cerveza y encuentros y reencuentros con un montón de amigos de otros clubs, como Hunos MC ; Perros del Ebro y Torpes de Navarra, entre otros.

 

El sábado amaneció nublado y resacoso, lo cual no fue impedimento para volver a acodarnos en la barra del bar de la concentración.

 

Dicen que un clavo,

se quita con otro clavo.

 

Y nosotros seguimos el lema

al pie de la letra.

 

Volvimos a la cerveza.

La jornada sabática se convirtió en un hervidero de motos y moteros venidos de casi toda España. Aproximadamente, 500 personas se dieron cita en la concentración de Indomables. A media mañana llegaban nuestros amigos Joaquín e Inma, de Barcelona, que acompañaban a miembros de Forajidos MC con los que compartimos charla, sidra y cervezas.

La Muela se convirtió en un ir y venir de motos, en su mayoría custom, durante todo el día. Dicen, o el programa así lo anunciaba, que a media tarde había exhibición de Line Dance a cargo de las chicas  de “Country Boots”.  No fuimos testigos de tal evento. Casi ninguno se pudo resistir a una siesta.

Y digo casi ninguno porque hubo quien, tras la comida, prefirió continuar con la ruta barítima del lugar .

Ya por la noche y antes de la cena, descorchamos la sidra que habíamos llevado para nuestros amigos de Indomables y todo aquel que quisiera degustar nuestro preciado líquido.

Todo un éxito tanto de participación en la degustación de la misma, como en el espectáculo montado para escanciarla.

Tras la sidra, vino la cena y durante la misma, comenzó el espectáculo a cargo de Jhonny, uno de los “Indomables”, que montó un show en el escenario digno de mención y, porqué no, de admiración por sus dotes para el espectáculo.

Más de uno se descubrió (del todo) ante él... y dicho literalmente.

Se sortearon muchos regalos y, a la hora de la entrega de premios, el H-D.C Asturias recibió tres de los otorgados por la organización de la concentración.

Premio al piloto venido de más lejos, que recayó sobre Juan Carlos.

Premio al Club venido de más lejos, que recogió Toni, el presi.

Y premio a la acompañante más lejana, que fue para Ana, sufridora acompañante de Luis.

El momento más emotivo de la noche llegó con el homenaje que tributó Indomables a un compañero y con el minuto de silencio por los caídos en la carretera, con todos los miembros de Indomables sobre el escenario.

Minuto de silencio sobrecogedor, que fue acompañado por la canción de Queen “ Who wants to live forever”.

Quien quiere vivir para siempre....

 

El grupo de rock “Strenos”, que amenizó la velada, dejó sin aire a más de uno por la calidad de su música e hizo temblar  los cimientos del pabellón con los 140.000 vatios de potencia preparados para la ocasión.

Y el momento más caliente lo protagonizaron las dos stripers que, con su espectáculo, alteraron los nervios a más de uno.

Sobre todo a Luis, para el que posaron las susodichas féminas.

A nosotros sólo nos hizo temblar la mano el vaso que llevábamos en ella.

 Unos dieron buena cuenta de la cerveza y otros, del patxaran, hasta altas horas de la madrugada.

 

Toni, Juan Carlos y Mayer

haciendo entrega a Jabato y Gelu de sendas jarras con los colores del

H-D.C. Asturias

El fin de semana no dio más de sí. El domingo nos levantamos temprano. Otro día excepcional. Eso de que el tiempo estaba empeñado en que nos mojáramos fue leyenda urbana durante todo el fin de semana. Desmontamos el campamento, cargamos las motos, fuimos a desayunar y nos despedimos de los miembros de la organización, que se portaron con nosotros como los mejores anfitriones posibles.

La vuelta, por la misma ruta, aunque esta vez con el cuerpo peor parado y los ánimos menos encendidos. Terminaba un fin de semana extraordinario en el que lo mejor fue la compañía.

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Fotos © H-D.C. Asturias

(Luis, Mayer y Pepe)

Texto de

Jose C.B.

y L.S.D.